ENTREVISTA
"Lo inteligente es que cada universidad construya su modelo"

Màrius Rubiralta, secretario de Estado de Universidades


MERCÈ BELTRAN / ALICIA RODRÍGUEZ DE PAZ - Madrid - La Vanguardia - 22.06.08

Màrius Rubiralta (Manresa, M 1952) ocupa la Secretaría de Estado de Universidades, del Ministerio de Ciencia e Innovación, desde mediados de abril, adonde llegó desde el rectorado de la Universitat de Barcelona (UB), del que se hizo cargo en junio del 2005.

¿El sistema universitario está preparado para llegar en condiciones al espacio europeo de educación superior (EEES)?

No hay razones para pensar que no. Es verdad que está sometido a tensión y que el poco tiempo que queda para llegar al 2010, con el proceso terminado, crea una cierta distorsión, algo que se hubiera evitado si se hubiera hecho con tiempo. El resto de los países europeos van más tranquilos porque llevan más tiempo preparándose, y algunos ya están hablando del post-2010. Llegaremos con todas las titulaciones de grado homologadas, pero después tendremos que hacer cierto esfuerzo, porque el 2010 no es el punto final, sino el punto inicial de la nueva etapa de compromiso y modernización. Los retos con la sociedad empiezan ahora.

¿Se debe revisar el concepto de universidad pública?

Queremos una universidad pública moderna. La universidad pública es un elemento clave y esencial. El Ministerio se propone abrir un diálogo y un debate sobre el modelo de universidad, en general, y pública en particular.

¿Se va a privatizar?

De ningún modo. Habrá un crecimiento de becas y ayudas.

¿Las universidades públicas tienen capacidad para aplicar ese modelo ágil y flexible que se les reclama?

Las universidades públicas son necesarias e importantes porque permiten acceder a la educación superior al 80% de la población, de todas las capas sociales. Dada su función social, sobre todo las más grandes, tienen mayores dificultades para cumplir la excelencia en el proceso de convergencia europea, pero nadie nos obliga a que todas sigan el mismo ritmo. Lo inteligente es que cada una construya su propio modelo y siga su velocidad.

¿Habrá universidades de primera y de segunda?

No. El nivel de nuestro sistema universitario es suficientemente homogéneo para poder crecer horizontalmente hasta llegar a un nivel de calidad importante. Cada una se especializará en aquello en lo que pueda ser mejor, y ha de encontrarse cómoda en su misión. Nosotros la ayudaremos.

¿El futuro son las alianzas entre universidades?

Están de gran actualidad en toda Europa y en Catalunya ya se han dado pasos importantes en este sentido. No podemos obligar a nadie a que establezca alianzas, pero la atomización es contraria a la competencia internacional. Quizá el problema es el concepto dual entre competencia y cooperación. Debemos competir para un mercado, pero tenemos que cooperar para un entorno de mercado distinto al que conocíamos.

El libro blanco elaborado por las universidades públicas catalanas contiene alguna de estas propuestas.

En parte sí. Los importante es que se han dado cuenta de que las reglas del juego no eran tanto de competir entre ellas como de colaborar. Se compite por los estudiantes del entorno local, pero cuando se ha de competir para la atracción de estudiantes internacionales y de grupos de investigación de excelencia, sólo se puede hacer desde un proyecto colaborativo. El ejemplo de Universitat de Catalunya es atípico porque el mensaje se hace de abajo arriba, cuando normalmente es de arriba abajo. Ahora hay que desarrollar un proceso de difusión de esas ideas para mejorar el concepto de alianza que se indica en el libro blanco y compartir elementos que probablemente son más innovadores. En el conjunto del sistema universitario español existe una riqueza importante de iniciativas.

Que necesitan financiación.

Este será un tema capital. Antes de seis meses debemos tener una propuesta pactada con las comunidades autónomas, porque llegar a un nuevo modelo de financiación implica la coordinación con todas las comunidades. Estamos todos de acuerdo en que, pese a los esfuerzos hechos, nos queda mucho camino por recorrer. Cuanto más competitivos queramos ser, más inversiones se requerirán. Son necesarias mejoras en todos los niveles y un cambio de procesos. Algunas comunidades, como Andalucía o Madrid, han hecho un gran esfuerzo incrementando indicadores que incorporan los costes de investigación, otras no lo han hecho. Hay que mantener un criterio común y pensar en una diversificación de las fuentes de financiación.

¿Cómo?

Con un mayor aprovechamiento del conocimiento que generan las universidades. Cuando no existen problemas presupuestarios se tiende a desarrollar convenios desfavorables con el sector privado; ahora se debe realizar con criterios de sostenibilidad del propio sistema público.

¿Implica matrículas o másters más caros?

No podemos incorporar presión a los precios públicos ni abandonar el talento por cuestiones económicas. El incremento de becas será constante. Los grados deben gestionarse socialmente a través de las becas, y ya hemos incorporado una cantidad importante de créditos para másters. Todo se está haciendo para dar fortaleza al sistema público, en busca de eficiencia y eficacia. Porque no tendremos excelencia si no mejoramos la financiación.

Como instrumento para abordar el proceso de cambio, el ministerio anuncia la estrategia 2015. ¿En qué consiste?

Es una estrategia para ver cómo logramos posicionarnos en un entorno global. Tenemos un sistema maduro pero con dificultades importantes en la gestión, gobernanza, financiación e investigación. Tenemos fortaleza y capacidad de trabajo, calidad en la preparación de nuestros titulados y somos competitivos. Estamos bien posicionados, y esta situación hay que aprovecharla. Necesitamos ilusión y confluencia de intereses, porque la mejora debe realizarse con el esfuerzo de todos. Debemos generar mayor confianza y participación, y lo haremos bien.

En su discurso hay una constante mención a la desconfianza hacia la universidad pública.

Algunos piensan que el sistema público ha llegado a un punto final, y no es cierto. Tiene una alta competitividad y un gran futuro, pero no puede dormirse. El modelo del siglo XX ya no sirve. Hay que buscar el equilibrio entre la definición de servicio público y un sistema universitario de referencia internacional.

¿Es un cambio de cultura?

Nuestra sociedad requiere que el conocimiento se transforme en mejoras sociales, y en épocas de crisis la sociedad apremia para que se transforme en valor económico de manera más moderna y más eficiente. Este discurso dual ha funcionado con voluntarismo pero sin acompañamiento; nuestra obligación es lograr que todos los agentes acompasen su camino y sus esfuerzos, aunque eso no se puede hacer en dos días.

¿Faltan investigadores?

España tiene cinco investigadores por cada mil habitantes y la media europea está por encima de ocho. Pero el problema no es cuantitaivo. Aunque hoy nos pusieran sobre la mesa los 30.000 investigadores que faltan no haríamos nada. Hay que acompasar el crecimiento con una incremento de la inversión en I+ D+ i. Hemos de aprovechar un cambio cultural que implica dar importancia a la formación continua, y mejorar la cultura científica y la emprendedora, a la que hemos llegado tarde y mal. La hemos confundido con privatización. Emprender no es sólo hacer empresas, es innovar. Es la triple hélice: administración, universidad y empresa. Si estos tres agentes no coinciden en el tiempo, el sistema no funciona. Para que el sistema sea más efectivo, los tres agentes tienen que funcionar por igual y con un alto porcentaje de coincidencia. La ventaja de este ministerio es que incorpora esa triple hélice.