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¿Cómo sacar provecho de las largas vacaciones escolares? La Vanguardia 19.06.08 |
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FRANCESC XAVIER MORENO OLIVER - Profesor del departamento de Pedagogía Aplicada Universitat Autònoma de Barcelona - Las vacaciones escolares tienen una función educativa importante. Unas vacaciones programadas con actividades de calidad darán continuidad al proceso educativo. A la inversa, unas vacaciones donde el tiempo libre de nuestros escolares esté vacío de contenido repercutirá negativamente en su proceso formativo integral. Existen numerosas investigaciones, entre ellas, las de la Universidad Johns Hopkins (EE. UU.), donde queda demostrado que tras un periodo vacacional exento de actividades educativas, no necesariamente de índole escolar, se produce una pérdida de competencias, principalmente lectoras y matemáticas. Investigaciones que podemos complementar con la tesis del informe Coleman, donde se afirma que todo lo que ocurre fuera de la escuela explica de forma significativa el rendimiento escolar de los alumno. Si bien el periodo vacacional escolar se ha convertido en la actualidad en uno de los puntos negros de la conciliación familiar, los padres deben garantizar para sus hijos un conjunto de actividades educativas que contribuyan a dar continuidad al proceso formativo de la escuela. Es evidente que si las actividades estivales se asientan en pasar largas horas ante la televisión, otras tantas jugando con la videoconsola, y paseando con los amigos por la calle como alternativa al aburrimiento el resultado final será una importante pérdida de hábitos y aprendizajes escolares, entre otras consecuencias. La alternativa correcta es una adecuada implicación de los padres basada en programar el tiempo libre de sus hijos mediante actividades y un buen acompañamiento personal. Elegir bien no significa hacer una inversión económica importante. Aquellos padres con más tiempo deben participar en las actividades de verano de sus hijos, por ejemplo, realizando con ellos visitas culturales, actividades de teatro y audiciones musicales infantiles, rutas históricas por la población de residencia, actividades deportivas o recreativas... Actividades que se pueden organizar con otros padres y cuyo trasfondo debe ser educativo además de recreativo. No hay que olvidar la lectura, dedicarle un tiempo cada día, ni tampoco el ejercicio de las matemáticas. Una buena fórmula es aplicarlas a la vida cotidiana, como por ejemplo aprovechar la compra en el supermercado. Otro recurso de gran valor educativo son las colonias, campamentos, campos de trabajo, cursos de verano, etcétera, en este caso con un coste económico superior al apartado anterior. Para aquellos escolares cuyos resultados académicos no han sido muy satisfactorios, las vacaciones son una buena oportunidad para poner al día ciertos retrasos de aprendizaje, aunque es importante no abusar de este tipo de actividades y complementarlas con otras educativas de índole recreativo. Los llamados cuadernillos de verano están pensados para repasar los conocimientos que necesitarán para el próximo curso escolar. Un tiempo de trabajo con esos materiales será otra actividad de valor para iniciar el curso con éxito. En síntesis, programar las actividades de verano de nuestros hijos, aprovechando su periodo de descanso para que realicen actividades deportivas, culturales, de aire libre, así como de mantenimiento de los conocimientos escolares, será la mejor opción. Tampoco hay que olvidar que el periodo vacacional es una época excelente para compartir con nuestros hijos más tiempo de conversación, de afecto, de juego, para participar junto a ellos en actividades diversas y así reforzar aún más el vínculo familiar afectivo y de relación. |