Los estudiantes cargan contra el sistema educativo en selectividad

Hoy afrontarán historia o filosofía y asignaturas de modalidad de bachillerato

La Vanguardia --- 11.06.08

NINA TRAMULLAS - Barcelona - Una parte importante de los casi 25.000 bachilleres catalanes que ayer iniciaron las pruebas de selectividad tuvieron la oportunidad de cargar contra el sistema educativo que acaban de abandonar gracias a una de las opciones de la prueba de castellano, primera de las tres a las que se enfrentaron en la jornada inaugural de las pruebas de acceso a la universidad (PAU). Un texto del Ministerio de Educación sobre el informe PISA del 2006, la macroevaluación de la OCDE que analiza el nivel de competencias de los alumnos de 15 años de más de 50 países (ODCE y asociados), permitía en una de sus preguntas que los alumnos que se habían inclinado por esa opción hicieran su propia valoración.

"Espero que no me suspendan por haber criticado el sistema educativo", decía una alumna, nerviosa, a la salida del examen de lengua castellana y literatura en el Campus Nord de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC). "La ESO, el bachillerato, la universidad..., la verdad es que lo he criticado todo", añadía. Sin embargo, este ejercicio obligaba a una reflexión lingüística sobre el texto, que contenía el análisis de oraciones subordinadas y pasivas reflejas, ante lo cual, la mayoría escogió la otra opción del examen: el comentario de un fragmento de Nada,de Carmen Laforet, novela premiada en 1944 con el premio Nadal, que además era lectura obligatoria de 2. º de bachillerato.

Como es tradición, la primera jornada de los exámenes de las PAU incluía también las pruebas de lengua catalana y lengua extranjera (a escoger entre inglés, francés, italiano o alemán) y, a diferencia de otras ocasiones, fue considerada mucho más fácil, tanto por estudiantes como por docentes.

El temido examen de lengua y literatura catalana no hizo honor a la tradición y fue más sencillo de lo esperado, aunque menos que el de castellano. A escoger entre un fragmento del último libro de Quim Monzó, Mil cretins,y otro del recientemente fallecido Josep Palau i Fabre, Etapes de Picasso,los alumnos tuvieron que moverse, con la excusa de la actualidad de los textos, por los campos de la fonética, la comprensión, la expresión, la gramática y el léxico. Zacaries Camps, profesor de la Institució La Miranda de Sant Just d´Esvern, esperaba tranquilo a que sus alumnos finalizaran las pruebas de la primera jornada porque "los de lenguas no dan lugar a sorpresas, siempre son tal como se preveían, y lo han trabajado mucho durante el curso". Lo cual no es garantía de que los estudiantes obtengan un buen resultado, apostillaba otro docente.

La evaluación del idioma extranjero escogido (mayoritariamente el inglés) se caracterizó por los cuatro modelos diferentes que se llegaron a repartir en cada aula para evitar tentaciones de copia por parte de los estudiantes, sobre todo en las preguntas tipo test del ejercicio de audición. Las críticas a la calidad del sonido recibidas en anteriores convocatorias provocó que en esta ocasión los organizadores de las pruebas se esmeraran y los aparatos sonaran algo mejor. Aun así, algunos se lamentaron de que a uno de los protagonistas de la conversación del examen de inglés no se le entendiera porque era un poco "zopas".

La primera jornada se desarrolló sin incidencias destacables, a excepción de alguna pérdida de etiquetas identificativas que provocó nervios y la tensión ante la posibilidad de que se retrasara la llegada de los ejercicios por la huelga de transportes. No hubo demoras y todo fue sobre ruedas.

Quim Monzó no quiere interpretar a Quim Monzó

Blai Felip - Mientras miles de aspirantes universitarios tenían ayer la opción de comentar Trenta línies, un cuento corto de Quim Monzó que habla sobre la dificultad de escribir cuentos cortos, Quim Monzó rehusó la oportunidad de interpretarse a sí mismo para La Vanguardia. Y lo argumentó con las virtudes de claridad, orden y concisión que él mismo reivindica para el relato breve: "En primer lugar, porque los pobres profesores quedarían mal si yo comentara aspectos distintos en el texto de los que ellos ven. Los alumnos les dirían: ´Pero si Monzó dice otra cosa distinta´. En segundo lugar, porque no tengo estudios universitarios; yo no acabé ningún estudio, y no los hice para evitar tener que hacer comentario de textos. ¡Si encima tengo que comentar un texto mío, esto ya es puro masoquismo!".

El escritor lanzó los dos mensajes sin saber cuál había sido el cuento elegido por los coordinadores de las pruebas de selectividad y que está incluido en el libro Mil cretins (2007). Haciendo gala de la ironía que empapa su obra, Monzó declaró que no entendía "por qué había que dedicarse a estudiar con la cantidad de vehículos que se pueden robar en Barcelona". Pura provocación, claro. Esta idea le permitió enlazar con otra: la poca cultura del esfuerzo en el ámbito educativo. Al responder si creía que durante el curso se tiene más en cuenta a los escritores clásicos que a los contemporáneos, declaró: "No tengo claro que sea así. Yo creo que durante todo el año se estudian poco a los clásicos porque no quieren arriesgarse a que a los estudiantes les resulte difícil la literatura. Esfuerzos, los mínimos, ir pasando la cuerda y aprobarlo todo para que los políticos puedan colgarse la medalla de que casi todos aprueban y que el país va viento en popa". /