M. BELTRAN - Barcelona - Sandra está indignada. A medida que desciende las escaleras que la conducen a la Via Laietana, su indignación va creciendo más y más. Acaba de presentar la petición de doble corrección del examen de filosofía, asignatura en la que obtuvo un 4,5, calificación que considera del todo "imposible" porque, dice, siempre ha tenido notables y excelentes en esa materia. "La filosofía me encanta, disfruto con ella y sé que se me da bien. No entiendo esa nota, no me la explico por muchas vueltas que le de al examen".
Quiere estudiar Odontología. Su promedio de bachillerato - ha cursado la vía científicotécnica- es un 8 y el de selectividad un 6. Cree que necesitará un 7,5 para entrar en la facultad que ha escogido y su media para acceder a la universidad se ha quedado en un 7,2. Tres décimas por debajo de la nota de acceso que se pidió el curso pasado. "No sé si se puede decir, pero he coincidido con mucha gente que se examinó con el mismo tribunal que yo (en la UB) que también ha tenido notas muy bajas en filosofía. Espero que otro profesor se lo mire mejor y me suba la nota".
A Víctor le falta un 0,05 para alcanzar la nota de acceso que cree le exigirán para empezar Empresariales. Ha pedido doble corrección en francés, catalán y biología. "No lo entiendo", y a su incredulidad y escepticismo se añade una reivindicación: "Tendríamos que ver los exámenes. Uno puede tener la intuición de lo que ha hecho bien o mal, pero si no vemos los exámenes es imposible saber en qué te has equivocado y entonces es inevitable desconfiar del corrector".
Otro Víctor, este aspirante a médico, no se explica el 4,5 en castellano. Su profesor tampoco. Su expediente de bachillerato es de matrícula de honor, y el resto de notas de la selectividad, en la que ha obtenido un 8,24 de media, no baja del 8 en ningún caso, con 10 y 9 en francés, biología, matemáticas... "Un mal día lo puede tener cualquiera, pero tanto como para tener un 4,5 en castellano, cuando todo el curso he sacado notables y sobresalientes en esa materia, ¡imposible". Lo mismo pensó su profesor de lengua y literatura castellana y por eso el mismo día en que recogió las notas le dijo sin pensar: "¡Reclama!". No pide una doble corrección. Ante el temor de que su 9,05 de media de nota de acceso pueda variar, ha optado por la reclamación. Está convencido de que el corrector dejó de contar algún ejercicio. Opina, como otros, que tiene derecho a ver su examen.
A Joshuo, un joven al que los auriculares del mp3 le tapan la totalidad del pabellón auditivo, dice, entre acorde y acorde de una guitarra eléctrica que suena en su reproductor de música a todo volumen, que el reclama su 2 de física y su 3 de matemáticas. Quiere estudiar Criminología y "me faltan 36 centésimas para llegar a la media". Su promedio de bachillerato es un 6 y el de selectividad un 5,5. No entiende la razón por la que no se le permite ver sus exámenes, "seguro que es porque no quieren que se les pille en un error". Joshuo se pone los cascos y se va con su música a otra parte convencido de que por poco que se miren bien sus ejercicios algo subirá su nota, "estoy seguro de que se han dejado algún problema por puntuar".
Mariona y Carol piden doble corrección de filosofía. "¡Salí con sensación de haber hecho un examen de 10!", exclama Mariona, sensación que no coincide con la del corrector porque decidió que era un ejercicio de 5,5. Igual que Sandra, aseguran que su tribunal, que en este caso estaba en la UPC, también puntuó muy bajo la asignatura de filosofía, y por eso insiste en que no acaba de ver dónde se equivocó. "Escogí Platón, que no sólo me lo sé, sino que me encanta. Lo hemos visto durante el curso y siempre he tenido muy buenas notas. Soy de notables y excelentes". Ninguna de las dos quiere decir qué es lo que quieren estudiar el curso próximo. "Esperaremos a la revisión de los exámenes". La respuesta, a partir del próximo día 10. |